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miércoles, 3 de octubre de 2012

Sabina phoenicea II

Seguimos con la historia de mi sabina

Le dije a David que me la guardara en el museo hasta el taller que se impartiría los días 14 y 15 de enero de 2006. El tiempo se me hizo eterno hasta esa fecha pero ¡por fin, el día había llegado! Como cualquier pardillo de provincias (que se decía antes) pasé tímidamente al museo y empecé a ver entrar a los participantes con unos árboles que quitaban el hipo. Todo el mundo parecía conocerse. Yo, al no haber leído revistas especializadas ni visitado páginas de Internet, a la única persona que iba a conocer era a ese chico de pelo largo y recogido que había visto en la revista. Luego con el paso del tiempo descubriría quienes eran los otros participantes (tela marinera).

Como ya había intuido al leer la revista, mis conocimientos de bonsái estaban bajo mínimos y desde el primer momento intenté que no se notara pero claro, enseguida empezaron las dudas.
David, muy amablemente, dibujó un boceto de cómo podía ser el diseño a seguir. Ahí empecé a conocer su extraordinario arte.


Con mi árbol delante, había que alambrar, si, yo ya lo había hecho muchas veces antes pero había llegado la hora de la alternativa. Si no llega a ser por un chico y una señora muy amables, todavía estaría alambrando mi querida sabinita. Gracias Jose María, gracias Carmen os deberé siempre una muy gorda.

Bueno, puesto de manifiesto mi total desconocimiento y a pecho descubierto intenté empaparme de lo que a mi alrededor ocurría. Eso era de locos, ¡mecanizando el árbol con una amoladora!, ¡poniendo rafia en algunas ramas! pero ¿qué era todo eso?

Una vez hube alambrado el árbol llegó el momento mágico, desde entonces mi momento más esperado. El artista obra el milagro. Poco a poco va colocando las ramas en su sitio, corta otras ¡y qué gordas! Y después de un rato la sabina ya tenía su primera formación.
 


Me fui de allí con una extraña sensación ¿estaba dispuesto a aprender todo aquello? ¿merecería la pena el gasto tanto económico como temporal y emocional? Sin aún saberlo, otra persona distinta salió aquel día del Museo de Bonsáis de Alcobendas. Mi subconsciente ya había tomado una decisión.

Como he dicho, con el tiempo pude ir sabiendo quienes fueron mis compañeros de taller: Jose Manuel Frontán, Luis Vila, Jose María Rubio, Jose Luis Blasco, Carmen Baiget, Jesús Quintas (el experto en suisekis), Alex Gómez y algunos otros aficionados que aunque conozco de vista no sé sus nombres ¡Casi nadie! Por suerte luego vinieron otros muchos talleres con David. Ahora soy yo el que casi conoce a todo el mundo.

Nunca se me olvidará el momento de llegar a casa con mi hija recién nacida. La condenada no traía manual de instrucciones y no sabíamos que hacer con ella. Algo parecido sentí al llegar a casa con mi sabina recién formada. Por lo pronto esperar a la primavera para transplantarla y ponerla con el ángulo adecuado. Fue la primera vez que utilicé Akadama y en esa ocasión al 100 %, luego aprendería más cosas sobre los sustratos.



Yo pensaba que ya estaba todo hecho. Un maestro me había diseñado mi arbolito. Debí pensar que era como un cuadro, se cuelga en la pared y listo. Pero resulta que durante la temporada de crecimiento se alargaron mucho los brotes, el alambre se empezó a clavar en la corteza ¿qué hacer Dios mío? Vale Antonio, tranquilízate un poco que todavía no sabes lo que es el pinzado, tiempo al tiempo. Tenía ese sentimiento de los que se han gastado dinero en un bonsái y temen perderlo. Por lo menos, los veinte años de afición me habían servido para saber cultivar (que no es poco).
Le quité los alambres. Las ramas importantes volvieron casi a su posición inicial y horrorizado pensé ¡de qué me ha valido ir al taller!

Durante los dos años siguientes conforme iba aprendiendo más cosas, las iba poniendo en práctica. Volví a alambrar, amplié el shari y… el paso más difícil ¡corté algunas ramas! Entre ellas la principal para dejar que se bifurcara en dos subramas. Había decidido que esa sería su maceta definitiva y nunca me lo he vuelto a plantear, sería como si yo me afeitara el bigote.



Ya estaba conmigo algo más de dos años pero le quedaba todavía un largo camino por delante. No acababa de convencerme el movimiento así que decidí que la copa debería ir mucho más hacia la derecha. Ese no era el diseño de David pero entonces averigüé que los árboles nos llevan donde ellos quieren en cada momento.
Así lo hice. Pasaron otros dos años y hay que reconocer que la especie de sabinas phoeniceas no son muy generosas en cuanto a compactar. Hay que pinzarlas, pinzarlas y pinzarlas.



El frente estaba muy despoblado y quedaría tiempo para poder taparlo. Ya la había makeado un poco con shari y jines blancos y madera viva lijada.

Y otros dos años más hasta nuestros días



Había llegado el momento de ver si en estos seis años había aprendido algo. ¡Manos a la obra!


Me dice mi amigo Salva que él le hubiera dado más movimiento a la rama principal. Yo no la veo monótona. Tiene una primera curva ya que sale de frente. Luego se bifurca. Además el alma en el primer tramo está seca y sería costoso hacerlo. El tachiagari tampoco tiene un gran movimiento, no sé, es cuestión de opiniones.
Espero que el aspecto futuro de este árbol vaya mejorando. Eso querrá decir que yo sigo aprendiendo cosas en el largo trayecto que aún me queda por delante pero como se dice siempre en este tema, la diversión está en el camino.


15 comentarios:

  1. Encantado de agregarte a mi lista de blogs Antonio. Justo me he enterado después de colgar mi entrada diaria, y fíjate que en ella he puesto un diseño tuyo.
    Esto es un largo camino que recorrer y siempre se aprende algo nuevo. Hoy ese chico ha logrado algo al alcance de los elegidos y, encima, se ha ido a aprender más a la cuna del bonsai. Pronto lo volveremos a ver y disfrutaremos con sus trabajos.
    Saludos y enhorabuena por el blog.

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  2. Gracias Marcos. He visto tu entrada y he recordado el dibujo. Tu pino va viento en popa.

    Un abrazo

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  3. Antonio, ya conocía esa planta y creo que es un trabajo muy bueno teniendo en cuenta la dificultad de esa especie para compactar. Aunque aún le falta al menos 2 o 3 años para que madure todo el diseño, preveo que será una planta interesante.
    Con respecto a la primera rama creo desde mi punto de vista que hay que mejorar el movimiento, no retorciendo la rama que no va en consonancia con el tachiagari, pero si quizás bajando un poco más la punta y disponiendo el verde en dos planos. De todas maneras es un detalle meramente personal, como finalmente decidas dejarlo estará bien.

    Un abrazo y enhorabuena por esta primera e interesante entrada.

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  4. Antonio, el que me conoce sabe que en estos casos siempre digo lo mismo, que a capar se aprende cortando huevos. Llevas el mismo recorrido que yo; una larga travesía por el desierto y ahora al final, empezamos a ver el oasis. Me ha divertido mucho la historia, pues en cierto sentido me veo reflejada en ella.

    Saludos.

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  5. yo estoy en el desierto y viendo osasis que son espejismos,me animan a seguir el camino blogs como el tuyo,a otro nivel ,claro,mientras tanto disfruto con tus trabajos y reflexiones,yo no me atrevo a alambrar en público,lo paso fatal en club cuando me dicen alambra un abrazo

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  6. Gracias Salva, lo tendré en cuenta.
    Martín, efectivamente a capar se aprende cortando huevos pero si la primera vez que los cortas ves como lo hace un gran experto, estoy seguro que no habrá huevo que se te resista.
    Gracias Toni, como siempre tan amable.

    Un abrazo

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  7. Una lectura ciertamente interesante y amena. Me ha gustado tanto el trabajo como la forma que has tenido de contarlo, como ya ha dicho algún compañero "nos hemos visto reflejados en él muchos aficionados".

    Un abrazo y a seguir así.

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  8. Como suponía un acierto tu iniciativa, me ha encantado y como dicen muchos en parte me siento identificado con tu historia. La sabina va por muy buen camino.

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  9. Muchas gracias Juan, aquí tienes a uno de tus más fieles seguidores. He navegado junto a tí en numerosas singladuras.
    Eduardo me alegro de que te guste.

    Un abrazo

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  10. Los compañeros ya lo han dicho todo. Buen trabajo y bonita sabina.

    Un saludo

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  11. Muchas gracias CYD, también tengo tu blog en mi lista y lo visito con asiduidad.

    Gracias

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  12. Antonio muy buen trabajo, te ha quedado genial. Que envidia, tener a benavente de maestro es un lujo. Un abrazo

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  13. Es cierto Salva, un verdadero lujo.
    Un abrazo

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  14. Me alegra leerte y ver reflejadas en tu entrada algunas vivencias personales. Me uno al comentario de Martín: "a capar".

    Un saludo, Antonio.

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  15. Gracias Juan Antonio. Me alegro mucho de tu visita y comentario.

    Un abrazo

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