Como sabéis cinco horas con Mario es una célebre novela de Miguel Delibes. Pues bien yo he estado diez.
Los que me sigáis, recordaréis que os conté hace poco que el año pasado llevé esta sabina a un taller con Taiga Urushibata
Y que de allí salió así
Llevaba ya tiempo intentando hacer un taller con Mario Komsta y hasta la fecha no había podido por unas causas u otras.
Por fin el momento había llegado. El pasado fin de semana me encaminé a Alcobendas para realizar con él un taller de un día.
Mis expectativas eran enormes ya que considero a Mario uno de los más grandes actualmente.
Elegí un par de sabinas para llevarme y una de ellas era esta que me había trabajado Taiga. Creo que estaba claro que le sobraban ramas pero Mario cogió la podadora y zas, zas, zas y requetezas. Empezaron a caer ramas al suelo una detrás de otra.
En esta foto no había ni la mitad de las que al final cortó pero yo estaba muy concentrado en lo que me contaba para preocuparme de fotografiar el montón resultante.
Cuando la podadora dejó de echar humo me dijo: “Mira, el ápice debe formarse con una rama que sirva de continuación del tronco y que tenga suficientes subrramas para formar una buena estructura. Te he dejado dos posibles ¿tú qué rama elegirías?”
Je, je, ¿sabéis cuál elegí? Síiii, ¡la que no eraaaa!
En definitiva me vino a decir que muchas veces cometemos el error de formar el ápice tipo fuente (otros le llamamos tipo palmera, común en ciertos pseudomaestros). No sé que me dio más pena si no acertar la pregunta o tener que cortar un peazo rama y hacerle un jin.
Como estaba rodeado de grandes bonsaistas, mi anhelo de alambrar poco y poder ver lo que hacían los demás se cumplió ya que el árbol se quedó más pelao que mi cuenta´l banco.
Tengo que reconocer que la gran mayoría de conceptos que tratamos ya los sabía pero siempre viene bien repasar y aplicar lo que se sabe o se ha olvidado.
Como siempre, el momento más buscado por mí es cuando el maestro se pone delante de mi árbol y empieza a colocar. Corto por aquí, pongo un tensor por allá y al final, un resultado espectacular.
En definitiva, un acierto venir con Mario, es un gran maestro (aunque él dice que solo es jardinero). Una gran compañía dentro del taller y mi amigo Moyano que tanto dentro como fuera compartió conmigo estos momentos de los que por desgracia podemos disfrutar poco a lo largo del año.




